Mijas se entiende en dos niveles. Arriba, Mijas Pueblo, el pueblo blanco colgado de la sierra a unos 430 metros de altitud, con sus callejuelas encaladas, sus rejas de hierro forjado y sus balcones asomados al mar. Abajo, el municipio desciende hasta el litoral, de Las Lagunas a las playas de La Cala de Mijas. Entre ambos, en las lomas plantadas de olivos y aguacates, se encuentran los campos. El casco histórico está declarado conjunto histórico-artístico desde 1969.
El municipio cuenta con siete campos, y ese es su mejor argumento: se pueden encadenar cuatro o cinco trazados distintos sin hacer nunca más que un trayecto corto. Mijas Golf, inaugurado en 1976, fue uno de los primeros grandes complejos de la Costa del Sol; La Cala Resort, más arriba en las colinas, reúne tres campos de campeonato y se presenta como el mayor complejo de golf de España; Santana Golf, más discreto, apuesta por la calma entre frutales y alcornoques.
El ritmo es el de una estancia corta y sin coche de más: una salida por la mañana, almuerzo en la casa club y el final de la tarde en el pueblo, cuando la luz rasante blanquea aún más las fachadas. Bastan de tres a cinco noches. Fuengirola, con sus mesas de pescado y de tapas, está a pocos minutos; Marbella y Málaga quedan a mano para una velada.